La barba larga y espesa,
anidada de blancos sueños,
el hueco de los ojos que alberga
una mirada copada de hastío.
La piel plagada de caminos viejos,
caminos cansados y yermos;
los zapatos tristes de andar,
sobre los mismos errores eternos.
Las manos surcadas de misterios
que hace tiempo olvidaron ,
en qué cuerpo se posaron,
en cuál sus anhelos perecieron .
Vuelve este otoño, porque en ti
aún la luz refleja y me alimenta
con el latido de tu voz pausada
por entre tus manos abiertas.
María
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